Vivir Según el Domingo

Manifestemos la vida cristiana en:

Lo social: que en nuestras relaciones tratemos de dar testimonio de lo experimentado en el encuentro personal con Jesús. Que se note el cambio de orientación de nuestra vida, cómo convertimos todo en gratuidad, compasión y sacrificio. 

La parroquia: vivamos la eucaristía como espacio para dialogar con Dios y, después, compartamos en momentos de fraternización.

La familia: dediquemos este día especial a nuestra familia, a que llegue a ser verdaderamente una comunidad de vida y de amor.

La propia persona: ir preparando nuestro pensar, sentir, nuestras intenciones, para ser transformado o convertido por el mismo Jesús. 

En la naturaleza: celebrando todos los aspectos de la vida, y resaltando especialmente estos días la esperanza custodiando la casa común.

¿QUÉ ES VIVIR
SEGÚN EL DOMINGO?

La celebración dominical de la Eucaristía está al centro de la vida de la Iglesia. Sin embargo, no podemos limitar solo a participar en la Eucaristía el deber de santificar el domingo. Precisamente, la participación en la misa lleva a cada discípulo a dar también a los otros momentos del domingo, día del Señor, ya sea vida en familia (ratos sosegados y de juego de padres con los hijos), relaciones sociales, momentos de diversión o descanso, y también momentos de catequesis, formación o recogimiento, oportunidad para manifestar la paz y la alegría de Cristo resucitado.

Fue san Ignacio de Antioquía (nacido alrededor del año 30 y † en el año 107), discípulo directo de san Juan y de san Pablo quien acuñó el término «los que viven según el domingo» a los cristianos, en contraposición a «los que viven según el sábado» del judaísmo. Son los que viven según el Día del Señor.

San Juan Pablo II, en Dies Domine así lo resume:

El día del Señor —como ha sido llamado el domingo desde los tiempos apostólicos— ha tenido siempre, en la historia de la Iglesia, una consideración privilegiada por su estrecha relación con el núcleo mismo del misterio cristiano. En efecto, el domingo recuerda, en la sucesión semanal del tiempo, el día de la resurrección de Cristo.

Es la Pascua de la semana, en la que se celebra la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, la realización en él de la primera creación y el inicio de la « nueva creación » (cf. 2 Co 5,17). Es el día de la evocación adoradora y agradecida del primer día del mundo y a la vez la prefiguración, en la esperanza activa, del « último día », cuando Cristo vendrá en su gloria (cf. Hch 1,11; 1 Ts 4,13-17) y « hará un mundo nuevo » (cf. Ap 21,5).

Benedicto XVI también habla de vivir según el domingo en Saramentum Caritatis, 73:

Vivir según el domingo” quiere decir vivir conscientes de la liberación traída por Cristo y desarrollar la propia vida como ofrenda de sí mismos a Dios, para que su victoria se manifieste plenamente a todos los hombres a través de una conducta renovada íntimamente.

El Domingo no es solo un precepto o un dar importancia a la Eucaristía, también es un día dedicado a la caridad fraterna, a la alegría como opción, al descanso como liberación humana y cristiana, la fiesta de la pascua. El Domingo, día del Señor, es día de expresar el testimonio de nuestra esperanza.

Ver la Carta Apostólica Dies Domine