Oración Universal

ORACIÓN UNIVERSAL
XXIV TIEMPO ORDINARIO

A cada petición respondemos: MUÉSTRANOS, SEÑOR, TU MISERICORDIA.

1. – Ayuda con tu gracia a la Iglesia, por el Papa Francisco, los obispos y sacerdotes, para que sigan ejerciendo su ministerio de reconciliación con valentía: anunciando la misericordia y denunciando las injusticias.
OREMOS
2. – Ayuda con tu gracia a los gobernantes y a los que tienen en sus manos el destino de la tierra, para que respeten, cuiden y valoren la naturaleza que nos acoge hoy a nosotros y a las generaciones futuras.
OREMOS
3. – Ayuda con tu gracia a las familias, para que la educación en la fe y moral se base en el amor gratuito y sacrificado, en valorar el amor misericordioso por encima de las normas y el castigo.
OREMOS
4. – Ayuda con tu gracia a las víctimas de los desastres naturales, por todos los afectados por las lluvias y temporales, para que unan sus sufrimientos a los de Cristo y sean causa así de reconciliación.
OREMOS
5. – Ayuda con tu gracia a nuestras comunidades, para que por el testimonio de vida seamos causa de reconciliación y unidad en el amor.
OREMOS

6.- Da sabiduría a nuestra comunidad, para que vivamos un auténtico amor fraterno, ayudándonos a compartir el amor de Cristo.
OREMOS

INSTRUCCIÓN SOBRE LA ORACIÓN UNIVERSAL

San Pablo pide que se hagan oraciones por todos los hombres y, concretamente, por los que gobiernan. Dios, nuestro Salvador, quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, dice Pablo en 1Tim 2, 1-4. En el año 153, San Justino explica la eucaristía como plegarias comunes que, con fervor, hacemos por nosotros, por nuestros hermanos y por todos los demás que se encuentran en cualquier lugar.

La oración de los fieles es universal, porque se suplica por las necesidades de todos los hombres.

En la oración universal u oración de los fieles, el pueblo, responde de alguna manera a la palabra de Dios acogida en la fe y ejerciendo su sacerdocio bautismal, ofrece a Dios sus peticiones por la salvación de todos.

Conviene que esta oración se haga normalmente en las Misas a las que asiste el pueblo, de modo que se eleven súplicas por la santa Iglesia, por los gobernantes, por los que sufren alguna necesidad y por todos los hombres y la salvación de todo el mundo” (OGMR 69).

La misma institución del misal señala el orden de las intenciones, aunque en celebraciones especiales puede variar el orden:

a) por las necesidades de la Iglesia
b) por los que gobiernan las naciones y por la salvación del mundo entero
c) por los que padecen por cualquier dificultad
d) por la comunidad local

Conviene destacar que no es oración individual (que se realiza en el momento de la oración colecta) o de necesidades particulares, sino por la Iglesia y el mundo.

Siempre debe ser introducida y concluida por el presidente, desde la sede. La inicia, teniendo las manos juntas, con una breve monición invitando a orar y la concluye, extendiendo las manos, con una oración conclusiva. Puede ser leída del libro dedicado para ello o bien redactado por el equipo de liturgia, siempre supervisados por el sacerdote.

Debe leerse desde el ambón u otro lugar conveniente por un diácono si lo hay, o por un laico adecuado. Es preferible, no obstante lo dicho, utilizar otro lugar y no desde el ambón, que se debe reservar para la Palabra de Dios.

El momento de pronunciarla es después de la homilía y del credo, si lo hay.

Como todas las oraciones, se escucha y contesta, de pie. La respuesta a las preces en mejor cantarlas que recitarlas. Esta respuesta –Te lo pedimos, Señor u otra fórmula– es la verdadera oración de los fieles. También se puede rezar en silencio (caso del viernes santo, por ejemplo).