Moniciones

MONICIONES
XXIV DOMINGO
TIEMPO ORDINARIO

Monición de entrada 

Bienvenidos a la celebración del amor misericordioso de Dios. El Señor nos ha invitado a estar con él, a celebrar su amor para los que tenemos nuestro corazón abierto y darnos la capacidad de amar como él. 

-recordemos que se debe guardar silencio al final de una lectura antes de hacer la monición siguiente-

Monición a la primera lectura

Escuchemos atentamente de la boca de Dios su Palabra que atiende nuestra situación de pecado, nuestro arrepentimiento y oración sincera.

Monición al salmo
Respondamos a la Palabra de Dios entregándole como hijos nuestro corazón.

Monición a la segunda lectura
Escuchemos cómo Cristo vino a reconciliarnos con Dios para que vivamos con gratuidad y alegría nuestra correspondencia de amor.

Monición al evangelio
Escuchemos con atención y amor cómo Dios nos ama para que participemos de su misma vida.

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FORMACIÓN
SOBRE LOS COMENTARISTAS
Y MONICIONES

Las moniciones son encargadas a los comentaristas. Éstos dan brevemente explicaciones y avisos a los fieles para introducirlos en la celebración y disponerlos a entenderla mejor.

Conviene que las moniciones sean minuciosamente preparadas y notables por su sobriedad (brevísimas).
Las moniciones no se hacen desde el ambón, sino desde un lugar adecuado ante los fieles.

La monición de entrada tiene como finalidad explicar y motivar a la celebración, conectarla con la vida, fiesta o acontecimiento especial del día.
No pretende ser una pre-homilía, sino crear la conciencia a la asamblea de ser una comunidad celebrante, llama a la participación y la comunión.

Las moniciones a las lecturas pretenden llamar la atención a la escucha de la Palabra, motivar a la comunidad celebrante a su participación en el escuchar atentamente a Dios que habla cuando se lee la Escritura.
La monición a la primera lectura puede incluir un contexto histórico si es del Antiguo Testamento y su referencia a Cristo.
La monición al salmo es tomar conciencia que es el modo de responder a lo escuchado con la misma Palabra de Dios.
La monición al evangelio ha de crear conciencia que es a Cristo vivo a quien escuchamos.

La monición a la presentación de dones tiene como finalidad subrayar la participación de la comunidad celebrante en el compromiso de ayuda material hacia los necesitados (víveres), ayuda material a la Iglesia (limosna-colecta) y especialmente, la entrega del propio cuerpo: oraciones, pequeños sacrificios, fatigas, problemas, tristezas, gozos y esperanzas. Tomar conciencia que es a Dios a quien se lo ofrecemos para que todo quede transformado en un sacrificio agradable a Dios: por Cristo, con Él y en Él.

La monición a la Plegaria Eucarística consiste en el motivar a la comunidad celebrante a la gran acción de gracias.

La monición antes de la Comunión tiene como finalidad motivar a la comunidad celebrante a cantar juntos y, en recogimiento recibir el Cuerpo de Cristo.

La monición después de la comunión y antes de la oración final tiene como objetivo indicar los avisos propios de la comunidad o parroquia.

Igualmente se pueden añadir las moniciones para indicar los gestos propios de cada momento: «De pie«, «Sentados«, «De rodillas«, «En silencio«…
Para ello hay que comprender el sentido de los gestos. En IGMR 42-45:

Gestos y posturas corporales

42. Los gestos y posturas corporales, tanto del sacerdote, del diácono y de los ministros, como del pueblo, deben tender a que toda la celebración resplandezca por el noble decoro y por la sencillez, a que se comprenda el significado verdadero y pleno de cada una se sus diversas partes y a que se favorezca la participación de todos. Así, pues, se tendrá que prestar atención a aquellas cosas que se establecen por esta Instrucción general y por la praxis tradicional del Rito romano, y a aquellas que contribuyan al bien común espiritual del pueblo de Dios, más que al deseo o a las inclinaciones privadas.

La uniformidad de las posturas, que debe ser observada por todos participantes, es signo de la unidad de los miembros de la comunidad cristiana congregados para la sagrada Liturgia: expresa y promueve, en efecto, la intención y los sentimientos de los participantes.

43. Los fieles están de pie desde el principio del canto de entrada, o bien, desde cuando el sacerdote se dirige al altar, hasta la colecta inclusive; al canto del Aleluya antes del Evangelio; durante la proclamación del Evangelio; mientras se hacen la profesión de fe y la oración universal; además desde la invitación Oren, hermanos, antes de la oración sobre las ofrendas, hasta el final de la Misa, excepto lo que se dice más abajo.

En cambio, estarán sentados mientras se proclaman las lecturas antes del Evangelio y el salmo responsorial; durante la homilía y mientras se hace la preparación de los dones para el ofertorio; también, según las circunstancias, mientras se guarda el sagrado silencio después de la Comunión.

Por otra parte, estarán de rodillas, a no ser por causa de salud, por la estrechez del lugar, por el gran número de asistentes o que otras causas razonables lo impidan, durante la consagración. Pero los que no se arrodillen para la consagración, que hagan inclinación profunda mientras el sacerdote hace la genuflexión después de la consagración.

Sin embargo, pertenece a la Conferencia Episcopal adaptar los gestos y las posturas descritos en el Ordinario de la Misa a la índole y a las tradiciones razonables de los pueblos, según la norma del derecho. Pero préstese atención a que respondan al sentido y la índole de cada una de las partes de la celebración. Donde existe la costumbre de que el pueblo permanezca de rodillas desde cuando termina la aclamación del “Santo” hasta el final de la Plegaria Eucarística y antes de la Comunión cuando el sacerdote dice “Éste es el Cordero de Dios”, es laudable que se conserve.

Para conseguir esta uniformidad en los gestos y en las posturas en una misma celebración, obedezcan los fieles a las moniciones que hagan el diácono o el ministro laico, o el sacerdote, de acuerdo con lo que se establece en el Misal.

44. Entre los gestos se cuentan también las acciones y las procesiones, con las que el sacerdote con el diácono y los ministros se acercan al altar; cuando el diácono, antes de la proclamación del Evangelio, lleva al ambón el Evangeliario o libro de los Evangelios; cuando los fieles llevan los dones y cuando se acercan a la Comunión. Conviene que tales acciones y procesiones se cumplan decorosamente, mientras se cantan los correspondientes cantos, según las normas establecidas para cada caso.

El silencio

45. Debe guardarse también, en el momento en que corresponde, como parte de la celebración, un sagrado silencio. Sin embargo, su naturaleza depende del momento en que se observa en cada celebración. Pues en el acto penitencial y después de la invitación a orar, cada uno se recoge en sí mismo; pero terminada la lectura o la homilía, todos meditan brevemente lo que escucharon; y después de la Comunión, alaban a Dios en su corazón y oran.

Ya desde antes de la celebración misma, es laudable que se guarde silencio en la iglesia, en la sacristía, en el “secretarium” y en los lugares más cercanos para que todos se dispongan devota y debidamente para la acción sagrada.