LECTIO 9-10-19

MIÉRCOLES
DE LA XXVII SEMANA
DEL T.O.

Familias: primeras escuelas de oración cristiana. A Dios escuchamos cuando leemos su Palabra y a Dios respondemos cuando oramos.

LECTIO: Lucas 11, 1-4
Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos” . Entonces Jesús les dijo: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquel que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación”.

ORATIO: Señor y Padre bueno, que confiaste al hombre los recursos de la tierra, haz que esta nueva cosecha, fruto de tu amor y del trabajo humano, lleve tranquilidad a nuestro hogar, coopere al bien común y a glorificar tu nombre.

MEDITATIO: 1. Los padres son los primeros evangelizadores, primeros catequistas, primeros educadores en la fe. Transmitir la fe consiste en transmitir la oración cristiana, la oración enseñada por Jesús, la oración dominical. A orar se aprende, por eso los papás han de enseñar a sus hijos a dirigirse a Dios como Padre amoroso y misericordioso, a ser santos porque Dios es santo, a esperar el Reino de Dios, a comer el Pan de la Palabra y de la Eucaristía cada día, a perdonarse siempre, y a evitar todo tipo de pecado. No nos tiene que sonar a «palabras raras» el padrenuestro, sino hemos de ser expertos en explicar esta sencilla oración e interpretarlo todo desde la vida y amor de Jesús de Nazaret, de Jesús Eucaristía, de Jesús Cabeza de la Iglesia, de Jesús Segunda Persona de la Trinidad.

2. Jesús con la oración del padrenuestro nos enseña no solo a orar, sino a unir fe, celebración y vida en un vínculo íntimo y recíproco. Es una oración que consiste en amar a Dios en el ser y en el hacer, siendo y haciendo como él respecto al prójimo, un compromiso a amar como Dios ama: una mirada a Dios y a nuestra condición humana. La oración cristiana no consiste en fórmulas, sino en una actitud filial que deja orar, amar y vivir a Cristo en el propio corazón, pues es el Espíritu quien ora por nosotros como conviene. Fil 1, 21; Gal 2, 20.

3. La oración del Señor es perfectísima; porque como dice san Agustín, si oramos recta y congruentemente, nada absolutamente podemos decir que no esté contenido en esta oración. Porque como la oración es como un intérprete de nuestros deseos a Dios, solamente podemos pedir con rectitud lo que rectamente podemos desear. Ahora bien, en la oración dominical no solo se piden todas las cosas que rectamente podemos desear, sino hasta por el orden mismo con que hay que desearlas; y así esta oración no solo nos enseña a pedir, sino que informa y rectifica todos nuestros afectos y deseos.

4. Jesús nos invita a orar no ya desde una relación siervo-amo, esclavo-dueño, sino que desea una relación de tú a tú, una relación de amistad, de confianza, de familiaridad, de intimidad, es más, de hijo a Padre. Un esclavo o siervo no puede amar a su señor, pero sí un hijo a su Padre, y eso es lo que Jesús nos enseña: a tener unas relaciones familiares, de confianza, rodeadas de cariño y ternura, que no significa precisamente sensiblería espiritual.

CONTEMPLATIO: Contemplemos a Jesús orando al Padre y participemos en su oración.

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