LECTIO 15-10-19

MARTES DE LA XXVIII
SEMANA DEL T.O.

La santidad no consiste en escandalizarse de lo que viene de fuera, sino en dejarse limpiar de lo que sale del propio corazón, en salir de uno mismo con gratuidad y compasión hacia el prójimo.

LECTIO: Lucas 11, 37-41
En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó de que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer. Pero el Señor le dijo: “Ustedes, los fariseos, limpian el exterior del vaso y del plato; en cambio, el interior de ustedes está lleno de robos y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? Den más bien limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio”.

ORATIO: Dios nuestro, que por medio de tu Espíritu impulsaste a santa Teresa de Ávila a renovar en la Iglesia la vida religiosa, concédenos, por su intercesión, un ardiente deseo de renovar nuestra vida cristiana y de servirte con alegría.

MEDITATIO:  1. En su evangelización, Jesús, busca intimar con todas las gentes. No sólo come con publicanos y pecadores, también es invitado por fariseos, y él, gustosamente acepta cada invitación. En aquellos tiempos, comer o invitar a comer era una muestra de fuerte familiaridad, de solidaridad y de comunión. Jesús vive y se desvive en el diálogo con todos para convencerles que en el encuentro personal con Él se encuentra la salvación, de la escucha de su Palabra puede venir la conversión. También nosotros, cada uno, hoy, aquí y ahora, es invitado a estar con Jesús. Y es que la verdadera conversión viene del diálogo íntimo con Jesús que establece nuevas relaciones, porque crea en nosotros corazones enamorados. Santa Teresa de Jesús definía así la oración: «No es otra cosa oración mental, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama«.
2. Uno de los obstáculos para poder escuchar la Palabra de Jesús como liberadora y suficiente para encontrar salvación es lo que el Papa Francisco señala tantas veces que la gente se aferra al dicho de … «es que siempre se ha hecho así«. El depender de forma exagerada de las tradiciones o costumbres nos llega a cegar de tal modo que no vemos a Jesús como el Hijo Único de Dios, y también nos hace sordos a su voz e incapaces que su Palabra penetre en nuestros corazones.
3. Ciertamente, las tradiciones o gestos que realizamos por costumbre, tienen un origen bueno, son gestos que nos educaban para el bien y al amor, pero cuando pierden su significado por la rutina se convierten en barreras que separan o en contraposiciones al mismo Jesús.
4. Lavarse las manos era una de tantas obligaciones religiosas impuestas a los levitas para mantenerse puros ante Dios. El conflicto llega cuando no se entiende el sentido de la ley y se piensa que basta en el cumplimiento de la letra. Jesús, el verdadero y único intérprete de la ley advierte al fariseo del espíritu de la ley: lo que realmente hace puro al hombre es el ejercicio de la caridad, dar de lo que uno tiene gratuitamente.
5. Es estéril seguir costumbres cuando pierden su significado o se tergiversa. En el caso del lavabo de manos se llegó a pensar que el mal está en el exterior de la persona, y no es así. Es en el corazón de cada uno de nosotros donde se encuentra la semilla del mal y de la injusticia que Jesús llama robos y maldad, es el egoísmo el que carcome nuestra vida, una fuerza que nos lleva a replegarnos en nosotros mismos, a imponernos a los demás y a vivir en contra de todos. Lo que tenemos que limpiar y purificar es el corazón. Un trabajo imposible sin la actuación de alguien que tenga el poder de borrar el pecado, y ese es Jesús. El Señor conoce nuestros pensamientos por eso los desenmascara no para humillarnos, sino más bien para que, reconociendo nuestro impulso egoísta e injusto, nos abramos a quien tiene el poder de perdonar pecados, de liberar nuestro corazón, para que nos abramos al amor gratuito y misericordioso de Dios.
6. Jesús propone al fariseo y a cada uno de nosotros abrirnos al amor hacia el pobre. Es con el ejercicio de la caridad, como indicaban todos los profetas, que manifestamos la apertura necesaria para recibir la misericordia de Dios. En el Antiguo Testamento se considera dar al pobre como dar a Dios mismo (cf. Ecco 4,4-5.8-9).

CONTEMPLATIO: Contemplemos a Jesús ante las actitudes legalistas.

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