Introducción a la Biblia

I. Fundamentos.

1 ¿Cuál es el origen de la Fe cristiana?

Es fundamental comprender que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da nuevo horizonte a la vida. Empecemos entonces por diferenciar distintas fuentes de autoridad dentro de la fe cristiana:

I.1.1. La fuente y fundamento absoluto de la fe radica en el acontecimiento de la revelación, esto es la automanifestación de Dios en Jesucristo. La revelación no es una verdad que se propone, sino una verdad que acontece, como dice Benedicto XVI. Por esto mismo, la Eucaristía, actualización del acontecimiento Cristo, es principio, centro y culmen de la vida de la Iglesia.

I.1.2. La siguiente fuente o nivel de autoridad es la Escritura. Ésta se encuentra entre el acontecimiento revelatorio y las afirmaciones dogmáticas de la Iglesia. ¡La Escritura no es en sí y en cuanto tal revelación! (error muy común), sino testimonio privilegiado del acontecimiento, con una autoridad singular puesto que, podemos decir, que es parte de ese mismo acontecimiento.

I.1.3. El tercer nivel o fuente de autoridad es el dogma de la Iglesia. Los dogmas de la Iglesia no tienen más función que interpretar la Escritura para cada generación.

En esta escuela nos centramos en el estudio del testimonio tan cercano al acontecimiento Cristo que forma parte de él: la Escritura.

I.2 Aproximación al origen de la Biblia.

I.2.1 ¿Qué es la Biblia? Origen de su autoridad.

Dios habla en la Escritura por medio de hombres y en lenguaje humano. Con anterioridad a la existencia de los libros sagrados, de la palabra de Dios puesta por escrito, existe el acontecimiento, la acción de Dios en la historia de la salvación, y posteriormente la tradición oral, la transmisión hablada que vislumbramos asimismo en la propia Escritura.

«El plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas; las obras que Dios realiza en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y las realidades que las palabras significan; a su vez, las palabras proclaman las obras y explican su misterio.» (DV # 2)

Es importante comprender que la biblia no es precisamente «un» libro, sino más bien una pequeña biblioteca -biblía- de setenta y tres libros, redactada por autores muy distintos y a través de diferentes géneros literarios en su medio histórico y cultural. Los setenta y tres libros se distinguen en dos grupos mayores:

*Antiguo Testamento -46 libros- (El término -Antiguo Testamento- es referido por Pablo en 2Cor 3, 14.) y
*Nuevo Testamento -27 libros-.

La Escritura polarizada en la tôrah para el pueblo de Israel, Antiguo Testamento, ahora, con el nuevo pueblo de Dios, se polariza en Cristo.

Más que aceptar la autoridad de un «canon» judío, miramos el modo de aceptar Jesús sinceramente las Escrituras de Israel y de su autoridad, aunque afirma la autoridad de su propia persona como más originaria y como clave para la inteligencia de su verdad última (Jn 6, 39; Jn 1, 18). Sin embargo, el criterio decisivo para los primeros escritores del Nuevo Testamento es el cumplimiento de las Escrituras en Cristo, de hecho es de este modo que fueron aceptadas y reclamadas por la Iglesia de los orígenes para el anuncio del misterio de Cristo.

I.2.2 De la palabra oral a la escrita en el Antiguo Testamento

A partir de la misma Escritura podemos vislumbrar los primeros pasos hacia la redacción de la palabra. Es la Escritura misma que nos ofrece constantes exhortaciones a conservar la palabra recibida del Señor y las promesas de la indefectibilidad de la palabra misma.

De este modo, leemos en Is 59, 21:
«Mi espíritu, que reposa en ti, y mis palabras, que he puesto en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus descendientes -dice el Señor- desde ahora y por siempre«.
También en Dt 30, 14:
«Sino que la palabra está bien cerca de ti; está en tu boca, en tu corazón, para que la pongas en práctica»

Descubrimos el paso de una etapa de palabra contingente, ligada a una situación específica en la que interviene un profeta o enviado de Dios con una interpretación, juicio, estímulo o exhortación, a la etapa de la palabra fijada en la tradición, que pasará a ser posteriormente escrita, y en todas las circunstancias hay que referirse.

Desde estas etapas se llegará a dar el título de dabar a colecciones cada vez más amplias de oráculos y exhortaciones de Yhwh, hasta la noción de que toda la Escritura de Israel es palabra de Dios. En esta historia van tomando forma un primer grupo tôrah (Gén, Éx, Lev, Núm, Dt), libro de la Ley como fundamento de la Alianza o Testamento entre el pueblo y Dios, un segundo grupo Nebi´îm, profetas, libro de la interpretación de la historia de Israel a la luz de la alianza, y un tercer grupo Ketubîm que se llaman «escritos», desarrollos que extienden el mensaje de la ley y de los profetas en distintas direcciones.

I.2.3 De la palabra oral a la escrita en el Nuevo Testamento

Desde el mismo anuncio apostólico del acontecimiento Cristo y como momento intrínseco suyo nace el Nuevo Testamento. La palabra pronunciada por Dios en el pasado encuentra su cumplimiento ahora -Mt 5, 17-. Descubrimos una etapa intermedia, cuando la palabra se refiere a lo que dijeron los profetas y autores bíblicos. Y una transición hasta llamar a la predicación y enseñanza apostólica tanto oral como escrita «palabra» (cf. Lc 1, 4 -la palabra oral-; Hch 1, 1 -la palabra escrita-). Como Lucas, también Pablo cita el Antiguo Testamento hasta noventa y tres veces y con una innumerable reminiscencias bíblicas, pero no lo usa para probar, sino que va desde Cristo al Antiguo Testamento y desde éste a la vida cristiana.

De hecho ya se usaban entonces profesiones de fe -1Cor 12, 3; Rom 10, 9; 1Cor 8, 6; Rom 4, 25-, himnos -Fil 2, 6-11; Col 1, 13-20-, textos litúrgicos -1Cor 11, 23-26-. Aunque el carácter de palabra de Dios no se aplicará hasta después, porque lo que prima en ese momento, al parecer, es la predicación oral -1Tes 2, 13-.

Al recibir las cartas de Pablo, el mismo Pablo y sus receptores pensaban en ellas como un escrito ocasional. De hecho Lucas no parece conocerlas todavía como los futuros primeros documentos de las Escrituras cristianas.

En un primer momento, y como primera aproximación que extenderemos durante el curso, van compaginándose en una colección de cartas paulinas -que cita la 2ª carta de San Pedro (3, 16)-, y después en un grupo de cuatro escritos que pertenecen al género «evangelio» y otros escritos como Hechos. El criterio de discernimiento fue la memoria de Jesús transmitida auténticamente por las comunidades eclesiales. Los escritos fueron reconocidos como garantía objetiva de la autenticidad de la tradición y de la fe.

I. 3 Primeros conceptos generales para acercarnos a la Biblia.

Revelación.
«Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo«.

La plenitud de la revelación no es, propiamente hablando, la palabra escrita. Ésta constituye su recopilación oficial, su memoria auténtica. Hemos de distinguir el acontecimiento Cristo del testimonio de los testigos auténticos y autorizados. Es la persona misma de Jesucristo, el que constituye la plenitud de la revelación, la palabra escrita es parte de la transmisión que forma parte de la tradición apostólica.

Por eso no podemos decir que la palabra escrita constituye la plenitud de la palabra de Dios a los hombres, el mismo Nuevo Testamento da fe de que esta memoria no refiere el acontecimiento más que de manera incompleta -Cf. Jn 21, 25-.

Pero sí que reconocemos en el Nuevo Testamento la expresión oficial de la fe eclesial, el sentido verdadero de lo que Dios ha hecho por los hombres en Jesucristo.

Mas la palabra final, Jesucristo, no excluye una palabra primera, que tampoco puede decirse que sea recogida en su totalidad en el Antiguo Testamento, ya que éste mismo da testimonio del hecho de que Dios habló a las naciones antes de hablar a Israel.

Canon (canòn) bíblico.
Es la lista oficial de los libros de la Escritura que dan testimonio autorizado de la revelación de Dios. Y esta lista oficial se produce en la Iglesia, donde en un principio es co-inherente la tradición y la Escritura, con los criterios de la recta regla de fe, apostolicidad y asiduo uso en el culto.

*Canon cristiano del Antiguo Testamento.
En el judaísmo hasta cerca del año 100 d.C., existe un sólido núcleo de libros autorizados: Torá, profecía y otros escritos. Torá y profecía eran las colecciones cerradas en la época de Jesús, mientras que el número de libros, en la tercera parte de las Escrituras judías, parece haber sido considerado de modo diferente por grupos de saduceos, fariseos, esenios, samaritanos, judíos de la diáspora… El canon cristiano del Antiguo Testamento tiene una larga historia hasta llegar el Concilio de Trento con una adhesión formal, retomando lo dicho en el concilio de Hipona (393 d.C) y de Cartago (397 d.C) y la confirmación del Papa Inoncencio I (a. 405).

*Canon cristiano del Nuevo Testamento.
El canon del Nuevo Testamento más primitivo existente se halla en la Cartafestal de Atanasio, del 367, y confirmado en sus veintisiete libros por el concilio de Hipona y de Cartago y por el Papa Inocencio.

– Inspiración.
Sabemos que la Escritura es una expresión privilegiada de una narración de Dios a través de las formas de la comunicación humana.

Desde aquí podemos definir la inspiración como una persona escogida y elegida por Dios que escribe como verdadero autor personal la experiencia salvífica de la que él mismo fue protagonista. Mas siempre debemos reconocer que Jesús como Palabra de Dios es el verdadero libro inspirado para comunicar y dar la salvación.

– Inerrancia y verdad.
¿En qué sentido la Escritura no tiene error? Es la verdad del plan salvífico de Dios sobre el hombre y para el hombre. Los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra.

– Apócrifo (apokryphos)
Es oculto, escondido, secreto. Designa un escrito de la literatura religiosa judía y cristiana generalmente atribuido a un personaje bíblico, no acogido en el canon de las Escrituras cristianas. Entre los apócrifos del Nuevo Testamento entre el II y IV s.d.C. están algunos «evangelios».

– Hermenéutica (hermeneutiké)
Es el arte de interpretar, traducir, «explicar». Es la teoría acerca de la compresión, la explicación y la interpretación de textos literarios. Esta ciencia bíblica quiere recoger las nociones y las normas prácticas que deben tenerse presente para entender bien los escritos bíblicos y exponer su significado.

– Exégesis (exegéomai)
Es conducir afuera, traer desde, explicar, revelar. Es el procedimiento con el cual se busca comprender un texto en su intención original. En Dei Verbum (# 12) se pide que la Biblia sea interpretada con el Espíritu con la cual fue escrita.