Escuela de la Palabra

El Papa Francisco en Evangelii Gaudium (127-129) nos exhorta lo que, en cierto modo, hemos optado en nuestra comunidad, a una evangelización persona a persona:

Hoy que la Iglesia quiere vivir una profunda renovación misionera, hay una forma de predicación que nos compete a todos como tarea cotidiana. Se trata de llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata, tanto a los más cercanos como a los desconocidos. Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una conversación y también es la que realiza un misionero cuando visita un hogar. Ser discípulo es tener la disposición permanente de llevar a otros el amor de Jesús y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino.

En esta predicación, siempre respetuosa y amable, el primer momento es un diálogo personal, donde la otra persona se expresa y comparte sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón. Sólo después de esta conversación es posible presentarle la Palabra, sea con la lectura de algún versículo o de un modo narrativo, pero siempre recordando el anuncio fundamental: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y su amistad. Es el anuncio que se comparte con una actitud humilde y testimonial de quien siempre sabe aprender, con la conciencia de que ese mensaje es tan rico y tan profundo que siempre nos supera. A veces se expresa de manera más directa, otras veces a través de un testimonio personal, de un relato, de un gesto o de la forma que el mismo Espíritu Santo pueda suscitar en una circunstancia concreta. Si parece prudente y se dan las condiciones, es bueno que este encuentro fraterno y misionero termine con una breve oración que se conecte con las inquietudes que la persona ha manifestado. Así, percibirá mejor que ha sido escuchada e interpretada, que su situación queda en la presencia de Dios, y reconocerá que la Palabra de Dios realmente le habla a su propia existencia.

No hay que pensar que el anuncio evangélico deba transmitirse siempre con determinadas fórmulas aprendidas, o con palabras precisas que expresen un contenido absolutamente invariable. Se transmite de formas tan diversas que sería imposible describirlas o catalogarlas, donde el Pueblo de Dios, con sus innumerables gestos y signos, es sujeto colectivo. Por consiguiente, si el Evangelio se ha encarnado en una cultura, ya no se comunica sólo a través del anuncio persona a persona. Esto debe hacernos pensar que, en aquellos países donde el cristianismo es minoría, además de alentar a cada bautizado a anunciar el Evangelio, las Iglesias particulares deben fomentar activamente formas, al menos incipientes, de inculturación. Lo que debe procurarse, en definitiva, es que la predicación del Evangelio, expresada con categorías propias de la cultura donde es anunciado, provoque una nueva síntesis con esa cultura. Aunque estos procesos son siempre lentos, a veces el miedo nos paraliza demasiado. Si dejamos que las dudas y temores sofoquen toda audacia, es posible que, en lugar de ser creativos, simplemente nos quedemos cómodos y no provoquemos avance alguno y, en ese caso, no seremos partícipes de procesos históricos con nuestra cooperación, sino simplemente espectadores de un estancamiento infecundo de la Iglesia.

Para llevar a cabo esta nueva forma de predicación, ofrecemos, en las visitas a los hogares una especie de «Escuela» que, como indica Documento Aparecida, la llamamos «de la Palabra«.

PISTAS PARA INICIAR UNA ESCUELA DE LA PALABRA EN LOS HOGARES
(Debería durar entre treinta y cinco y cuarenta y cinco minutos, una vez a la semana o cada quince días)

NO ES:
* Reunirse y dar pautas de oración para después en silencio meditar…
* Reunirse y dar una formación o catequesis…
* Reunirse y dar una charla…
SÍ ES:
* Ser y sentirse convocados por Dios mismo para escuchar su Palabra, meditarla, compartirla fraternalmente y convertirse a ella para seguir anunciándola.

ESTRUCTURA DE LA ESCUELA (ideas, ejemplos y sugerencias)

1º. Se puede iniciar con un canto alegre y tomar la “Biblia” con respeto y veneración diciendo: “Escuchemos con atención y amor a nuestro Dios que nos habla hoy, aquí y ahora, y nos dice esto…” (Se puede tomar el texto del evangelio del domingo u otro conveniente) Después se besa la Biblia como señal de veneración.

. Inmediatamente después se da el “kerigma”… ¿Qué es eso? Por ejemplo:

Dios nos habla hoy, aquí y ahora, quiere dialogar amorosamente con cada uno de nosotros. Hoy nos dice que está preocupado por lo que la gente piensa sobre él, le preocupa que solo le vean como un profeta, como alguien poderoso en milagros o gestos extraordinarios y que reduzcan su fe a una satisfacción de necesidades biológicas y emocionales, le preocupa que la gente condicione su fe en él según les bendiga o no. Por eso, Jesús insiste en que solo escuchándole y amando su mensaje y Persona se manifiesta.

Jesús te dice a ti ahora, personalmente, ¿Quién dices que soy yo? Es Dios mismo para quien eres muy importante, precioso a sus ojos, por eso se dirige a ti y te ama a tal punto que te llama a vivir la misma vida de Dios, a que trasciendas la vida biológica y acojas la invitación a la resurrección y a la vida eterna.

No soy yo, no son inventos ni proyecciones de nuestros pensamientos y sentimientos. Es una Persona distinta a mí, con una forma de pensar y de sentir que me interpelan, una Persona distinta a mí que sale a mi encuentro, y es personal, es decir, que se me comunica hablándome y amándome. Y se constata especialmente en que me transmite un pensar y sentir que me chocan, que no son míos y que quizá es difícil de comprender y aceptar.

Dios te ama. Quiere acompañarte en tu vida. Quiere perdonarte. Quiere que sientas su protección. ¿Qué le respondes? ¡Háblale, respóndele y ámale!

. Entonces se pueden dejar cinco minutos en silencio para orar y meditar la Palabra escuchada y amarla.

Aquí, si los hijos pequeños se distraen, no pasa nada. Papá y mamá y hermanos mayores tienen que estar concentrados, el niño entenderá que se está haciendo algo importante (ejemplo de Juan Pablo II cuando era todavía muy pequeño y veía a su mamá de rodillas ante un crucifijo, cómo no entendía qué cosa hacía, pero sí comprendió que era algo muy importante)

. Si se quiere, se puede terminar con un corto canto de acción de gracias, y así iniciar, si es posible, en otro espacio diferente donde se ha dado el Kerigma y la oración en silencio, el compartir fraterno…

Aquí depende de la edad de los niños y de su comprensión… puede ser una refacción, un juego, una actividad alegre, cantos con gestos, etc… No es momento para regañar ni corregir, sino de compartir desenfadado. Si no hay hijos todavía, pues gestos de amor entre esposo/a, si hay bebés… momento de mostrar más cariño y ternura, besos, abrazos, etc hacia él, que se de cuenta del momento especial, si son de tres a seis años, preparar un cuento o un relato, y así, según edades… la ayuda que yo envío es de un dibujo para pintar e ir explicando, una sopa de letras, un crucigrama, etc…

. Después de diez o quince minutos de juego y entretenimiento, en otro espacio o lugar, si es posible, se da la formación.

. Se hace un canto final, se pueden repartir pautas de oración para que cada uno la haga cada día, el comentario de la misa del domingo y la formación escrita -la de niños y la de mayores- para repasarla durante la semana.