Conceptos bíblicos

CANON
La palabra canon en sí viene del griego Kanon, significaba la vara o regla que servía de nivel para ver la rectitud de ensamblajes en la construcción. Y también el patrón o norma por el que se juzga correcto un pensamiento o doctrina. San Pablo usa este vocablo en Gal 6, 14-16 entendiendo por ello lo normativo o criterio para un discurso y doctrina cristiana, esto es la cruz y la creación nueva. Al pasar del tiempo se consideró canon como la lista de libros recibidos por la Iglesia como parte de su base como comunidad de fe, como norma profética y apostólica o patrón de lo propio en la transmisión de la verdad revelada y configuración de comunidades cristianas. San Agustín lo consideró como guía y alimento suficiente para una completa vida de fe, esperanza y caridad cristiana. Santo Tomás hablaba del canon como fuente de datos y evidencia probativa.

Algunos libros han sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo al punto que tienen a Dios mismo como autor y han sido transmitidos como tales. Estos libros contienen la verdad que Dios ha querido que quedara escrita para nuestra salvación. Pero, ¿quién tiene la autoridad para dar la lista de los libros que componen la Sagrada Escritura?

Hemos dicho que el fundamento de la vida cristiana es un acontecimiento, la Revelación, ha sido transmitida fielmente y como tradición oral por el pueblo de Dios, posteriormente ha sido consignado por escrito el testimonio del acontecimiento. Es, por tanto, la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo y a la luz de la tradición viva recibida, quien ha discernido la lista final de la Sagrada Escritura o canon. En cuanto al Antiguo Testamento como Sagrada Escritura es testimoniada por el Nuevo Testamento, empezando por Pablo (Rom 1, 2; 2Tim 3, 16) y también por Pedro (2Pe 1, 20-21). Juan llega a decir que no pueden ser abolidas (Jn 10, 35). Es Pablo quien las llama Antiguo Testamento (2Cor 3, 14).

Fue la Iglesia quien a estos textos, del Antiguo Testamento, ha unido estrechamente los escritos que dan testimonio auténtico proveniente de los apóstoles (Lc 1, 2; 1Jn 1, 1-3), inspirados por el Espíritu (1Pe 1, 12), que narran lo que Jesús hizo y enseñó (Hch 1, 1), junto con las instrucciones primeras dadas por los mismos apóstoles y otros discípulos para constituir la comunidad de los creyentes. A estos escritos se les llamó, seguidamente, Nuevo Testamento.

Sobre el Antiguo Testamento no partimos de lo que pensaba el judaísmo oficial ni sus cánones, sino de la certeza de que Jesús y los apóstoles reconocieron el Antiguo Testamento como Escritura inspirada, y que el Misterio Pascual constituía su cumplimiento. Sobre el Nuevo Testamento partimos de la convicción de que los escritos provienen auténticamente de la predicación apostólica, su conformidad con la regla de fe y de su uso en la liturgia cristiana, de su acuerdo con la vida eclesial de las comunidades y de su capacidad de nutrir esa vida. Son escritos fundamentales para comprender la fe y vida cristiana, pues descubren la identidad de la Iglesia y en el tiempo, el modo de respuesta al evangelio. Hasta el a. 100 d. de C. el núcleo de libros era: la ley, los profetas y escritos. Con diferentes opiniones (saduceos, fariseos, esenios, samaritanos, judíos de la diáspora) prevaleció la de los fariseos (22 libros. Solo lo escrito en hebreo).

Los cristianos se dirigen por otros criterios. Solo después que Marción declarara irrelevante el Antiguo Testamento, toma posición defendiendo el Antiguo Testamento y dando una lista que incluía los despreciados por fariseos, Tobías, Judit, 1-2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc y partes de Daniel, de ahí que fueron llamados deutero-canónicos. Se dicta el canon en el concilio de Hipona (393) y de Cartago (397) y lo confirma el papa Inocencio I en el año 405. Y en el mismo tiempo se confirma la lista oficial de los libros del Nuevo Testamento, como tradición superior a la Escritura de Israel con valor de norma para su interpretación.

INTERPRETACIÓN
No podemos ignorar ni olvidar la dinámica de la encarnación, acontecimiento fundamental. El acontecimiento es un Dios que ha venido a nuestra historia y la ha convertido en historia de salvación, hablando con palabras humanas y actuando con gestos también humanos. Podemos decir: así como el Hijo se hizo carne, la Palabra Divina se hizo palabra humana. La Biblia o palabra escrita es testimonio y guía privilegiada de la Revelación.

¿Qué es la interpretación?
La Biblia misma es testimonio e interpretación del acontecimiento histórico, testimonio de cómo Dios habló con palabras humanas, como un amigo habla con su amigo, con el lenguaje de cada uno, desde su época y cultura, respetando delicadamente la inteligencia histórica de cada momento. Dios no habla ni la Escritura es palabra a-histórica, si es cierto que es escrita por inspiración divina (Dios es su Autor), también tiene un autor humano, el que escribe; si es cierto que es tiene valor para todas las épocas y culturas, también es cierto que ha de ser actualizada, pues se escribió en función de circunstancias pasadas y en un lenguaje condicionado por la época. Interpretar es actualizar la palabra escrita a nuestras circunstancias presentes y expresarla en un lenguaje adaptado al actual. La clave se encuentra en discernir lo esencial del mensaje.

Criterios básicos para interpretar la Biblia
1. El primero es el de los apóstoles: el Nuevo Testamento es cumplimiento y superación del Antiguo Testamento. Hemos de considerar que el Antiguo Testamento contiene imperfecciones y situaciones temporales.
2. El segundo es que solo podemos interpretar correctamente la Biblia «en» y «desde» la comunidad creyente, no individualmente ni fuera de ésta, porque la misma Biblia nació, se conservó y se transmitió en una comunidad creyente.

Métodos de interpretación de la Biblia
Siempre, como cristianos, todo lo hemos de referir a Cristo y a su Iglesia, nunca el Antiguo Testamento solo o de por sí (ej. no se puede interpretar la lucha por la liberación como lo fue en tiempos de Moisés).

1. La Biblia misma nos ofrece un método de interpretación relacionando pasajes y poniéndolos en paralelo, adoptando un segundo sentido trascendiendo al anterior, etc…. La Escritura se interpreta con la misma Escritura (ej. Ex 16-Sab 16, 29-29-Jn 6).
2. La patrística adoptó el método de la tipología y la alegoría… (ej. Diluvio figura del bautismo)
3. Con métodos actuales (de la ciencia exegética) se busca el sentido literal, espiritual y pleno.
4. Evitando toda lectura tendenciosa (sectas), ideologizantes (política, economía, social, etc.), todo lo que indique sentido contrario a la justicia o la caridad del evangelio.

Papel de los diferentes miembros de la Iglesia en la interpretación de la Biblia

Los obispos son los primeros testigos y garantes de la tradición viva, iluminados por el Espíritu de verdad, deben conservar fielmente la Palabra de Dios, explicarla, y difundirla por su predicación.

Los sacerdotes como colaboradores de los obispos, tienen como primera obligación la proclamación de la palabra, dotados de un carisma particular para interpretar la Escritura, cuando transmiten, no ideas personales, sino la Palabra de Dios, aplicando la verdad eterna del evangelio a las circunstancias concretas de la vida. Tienen como tarea principal no solo enseñar, sino ayudar a los fieles a comprender y discernir lo que la Palabra de Dios les dice al corazón cuando escuchan y meditan las Escrituras.

Los cristianos individualmente también cuando oran y estudian en oración la Escritura en el contexto de su vida personal. Pero nunca es privada la interpretación, pues lee e interpreta la Escritura en la fe de la Iglesia y aporta a la comunidad el fruto de su lectura para enriquecer la fe común.

INSPIRACIÓN
“toda la Escritura es divinamente inspirada y útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y equipado para toda obra buena» (2 Tim., 3,16-17)

VERDAD
La verdad no es abstracta, pues se CONOCE, es una Persona, Cristo. No es un sistema de ideas o normas, no es un libro. Nuestro conocimiento de la verdad siempre es limitado e perfectible, pues tiene su fundamento en un diálogo amoroso con Dios que actúa en nuestra historia respetando nuestra inteligencia histórica. La Biblia no se presenta como una revelación directa de verdades atemporales, sino como el testimonio escrito de una serie de intervenciones por las cuales Dios se revela en la historia humana. El mensaje bíblico está enraizado en la historia, con sus condicionamientos.
*La Biblia no es un libro de ciencia. En la Biblia se usan modelos sobre cómo se creía que era el mundo en aquel tiempo; pero estos «modelos» no son «la verdad» que Dios quiso consignar para nuestra salvación. La Biblia enseña «no cómo va el cielo, sino cómo se va al cielo».
*La Biblia no es un libro de historia. No pretende enseñar historia. Los autores bíblicos escriben de acuerdo con la altura de los conocimientos históricos de su época. Todos los pueblos de la antigüedad, al relatar sus orígenes, introducen relatos de carácter legendario. Hay que tener en cuenta los géneros literarios. Para juzgar sobre la «historicidad» de los relatos hay que usar la crítica histórica.
*La Biblia es un libro que no oculta «lo humano», y por tanto muestra las debilidades y los sentimientos de los personajes. Es un libro de un tiempo concreto, y refleja la forma de ver del mundo de los valores, a veces distinto del nuestro. No hay que interpretar como norma moral lo que sólo son códigos sociales o litúrgicos. La moral del Antiguo Testamento no es perfecta, sino que está abierta a su plenitud en el Nuevo Testamento.

INERRANCIA (sin error)
Término que aparece en la temática teológica de la inspiración de la Escritura. Puesto que Dios es autor del texto sagrado, es evidente que en él no puede estar presente el error. Por inerrancia se entiende, de suyo, la ausencia de error formal en la Escritura. Su presupuesto es la veracidad de la Escritura, que expresa la conformidad plena con la verdad. En el Magisterio de la Iglesia siempre se habla de inerrancia de la Escritura en referencia al texto original de la Biblia. Como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman debe tenerse como afirmado por el Espíritu Santo, ha. y que confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso que se consignara en las sagradas letras para nuestra salvación. Es verdad todo lo que dice la Biblia. Sí. Pero no una «verdad» histórica o científica o geográfica (ciencias naturales), sino referida a la Salvación. No es «inerrancia» absoluta en todos los campos…

APÓCRIFO
Podemos decir que el término «apócrifo» fue adoptado por la Iglesia para designar los libros cuyo autor era desconocido y los cuales desarrollaban temas ambiguos, que aun presentándose con carácter sagrado, no tenían solidez en su doctrina e incluían elementos contradictorios a la verdad revelada. Esto hizo que estos libros fueran considerados como «sospechosos» y en general poco recomendables. El uso de estos por el común del pueblo, ha creado confusiones, mitos y creencias que en nada se acercan a la realidad histórica o evangélica, por lo que su lectura deberá ser hecha siempre bajo la guía de alguna persona versada en su contenido a fin de no desvirtuar ni su contenido ni la verdad revelada por Cristo en la Sagrada Escritura.

DEUTEROCANÓNICOS
La palabra deuterocanónicos viene del griego deuteros que significa segundo y canon que significa regla de medir. Llevan este nombre porque aparecieron después del primer conjunto de libros sagrados de los judíos. Pero no hacen parte de un canon distinto. No es lo mismo deuterocanónico y apócrifo.